Por: Luis Agustín Galván Hernández
Pueblo Mágico por excelencia, pues sobrevive desde tiempos
de la colonia y es rico en cultura, arquitectura, costumbres y tradiciones.
Sus fértiles llanuras irrigadas por el rio Papaloapan han sido ideales a lo largo de los años para la pesca y el comercio entre sus habitantes; a pesar de las constantes inundaciones, el pueblo a sabido abrirse camino y florecer con todo y su bien conocida tradición a la virgen de la Candelaria.
Sus fértiles llanuras irrigadas por el rio Papaloapan han sido ideales a lo largo de los años para la pesca y el comercio entre sus habitantes; a pesar de las constantes inundaciones, el pueblo a sabido abrirse camino y florecer con todo y su bien conocida tradición a la virgen de la Candelaria.
La agricultura también experimentó un gran
impulso y los terrenos se cubrieron de cultivos de caña de azúcar, algodón,
tabaco, hule y una rica variedad de árboles frutales.
Cabe señalar que la región había gozado de bonanza
incluso desde antes del Porfiriato, como lo demuestra la construcción de sus
dos templos principales: la capilla de La Candelaria, terminada en 1786, y la
parroquia de San Cristóbal, que data de 1849.
Indudablemente, el rasgo que más caracteriza a Tlacotalpan es su
arquitectura, en especial las fachadas de sus casas. A sus dos templos
principales debemos agregar el del barrio de San Miguel, tan antiguo como el de
La Candelaria.
Sin duda un turístico que nutre nuestro acervo cultural, y
nos hace ver la belleza que alberga nuestro país junto a sus míticas y
ancestrales tradiciones.
Un Lugar del
que se vuelve, impresionado y con ganas de regresar.



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